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Castro de Baroña, Viviendo en la Edad de Hierro

El Castro de Baroña es un castro de tipo marítimo, tanto por su ubicación, con la playa de Arealonga a sus pies, como por el medio de vida de sus habitantes. Se encuentra en la parroquia coruñesa de Baroña y es uno de los pocos de Galicia que se encuentra al nivel del mar. Está situado en una península rocosa a la que se llega por un pequeño camino de arena en el que ya nos encontramos con las primeras fortificaciones.

 

DESCRIPCIÓN

 

El Castro de Baroña es un asentamiento que data de la Edad de Hierro, concretamente estuvo habitado desde el s. I a.C. hasta el s. I d. C. La belleza y singularidad de este castro reside en el lugar elegido por sus habitantes para levantar su urbe. Está situado en una pequeña península rocosa, separada de la tierra por un istmo de arena.

 

En el istmo que une el poblado al castro nos encontramos con la primera medida defensiva, un foso de 4 metros de ancho y 3 de fondo. A continuación, una segunda muralla formada por 2 muros paralelos de piedra y arena. De esta manera, antes de llegar a la muralla principal que rodeaba el castro, tenemos las dos primeras murallas paralelas que servían de primera defensa.

 

Pasando los elementos defensivos, tras la puerta de entrada,  llegamos a unas escaleras bien conservadas que nos llevan a un poblado dividido en dos. En un nivel inferior, encontramos la zona sur, con las primeras construcciones y los restos de la torre que flanquea la puerta; y a la zona norte, separada de la anterior por una muralla más, llegamos a través de otra puerta con escaleras también muy bien conservadas, con construcciones de mayor tamaño.

 

En la totalidad del conjunto se conservan aproximadamente unas 20 viviendas de planta circular u oval, con banco corrido en todo el perímetro de las casas y no se aprecian puertas de entrada o ventanas.

 

Esto es muy habitual en los castros que han sido poco o nada romanizados, puesto que el urbanismo no llega a nuestra tierra hasta que lo traen los romanos, que junto con ellos trajeron también las casas de planta cuadrada. Así pues, una organización urbanística y viviendas cuadradas con distribución interior, solo las encontraremos en los castros más tardíos y que alcanzaron su apogeo bajo la dominación romana.

 

Pero la majestuosidad del Castro de Baroña, no reside en sus muros, puerta de entrada (en un óptimo estado de conservación), o sus construcciones. La belleza del Castro reside en el lugar que elegido por nuestros antepasados para levantar su civilización y sus urbes.

 

La península rocosa perfectamente defendible por todos sus flancos, en los cuales el mar jugaba una parte importante, y su fortificación en el único acceso posible (teniendo en cuenta los medios materiales de la época), así como los acantilados que lo circundan, lo convierten en un bastión de resistencia, preparado para sufrir guerras, asedios, y los ataques de los ejércitos mejor armados.

 

El poblado castrense se cree que era casi autosuficiente, aunque no se encontraron restos que permitiesen el almacenamiento de agua, por lo que debió ser preciso ir a buscarla al exterior. Otras actividades que se desarrollaron en este Castro son la minería y la metalurgia. En la zona norte hay  un horno en el que se trabajó, como en la mayoría de los castros, el bronce y otros metales como oro y hierro.